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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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Lección 5 

26 de abril al 3 de mayo 



Las maravillas 
de sus obras 




«Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, 

porque estaban agobiadas y desamparadas, 

como ovejas sin pastor». 

Mateo 9: 36 



¿Qué esperas de Jesús?_ 



Sábado 
26 de abril 



INTRODUCCIÓN 

Mateo 4: 22-25; Santiago 4: 2 

¿Cuándo fue la última vez que presen- 
ciaste un milagro de sanidad? Si no te sor- 
prende la ausencia de sanamientos mila- 
grosos quizá necesites revisar tus expectati- 
vas relacionadas con Jesús. 

Si has leído los textos mencionados an- 
:, algo que definitivamente debes 



Lo que oyeron 
los llevó a actuar. 



hacer esta semana, notará el énfasis en los 
milagros de Jesús. Libró a la gente de demo- 
nios, ataques epilépticos, dolores y aun de 
la misma muerte. Esta parte de la historia 
no nos debe sorprender, es algo que sabe- 
mos. Pero hay un importante elemento que 
quizá estemos pasando por alto: el papel 
de las expectativas. 

En Mateo 4: 22-25 se habla de la ex- 
pulsión de demonios y de la resurrección de 
muertos, pero hay algo que no vemos. «Su 
fama se extendió por toda Siria, y le llevaban 
todos los que padecían de diversas enfer- 
medades, los que sufrían de dolores graves, 
los endemoniados, los epilépticos y los para- 
líticos, y él los sanaba» (Mat. 4: 24). La gente 
le traía los enfermos porque esperaban que 



él haría algo por ellos. Lo que oían los hacía 
anticipar milagros futuros. Los llevó a to- 
mar medidas, a salir de su comodidad a fin 
de concederle a Jesús la oportunidad de ac- 



tuar milagr 
que fueran 


jsamente 
el poder 
anados. 


en sus vidas. El que 
de Jesús hizo posible 


Hoy ten 
que Dios no 


emos que 
siempre 


afrontar la realidad de 
sana. Esa será siempre 


una constante mientr 
este planeta imperfec 
Dios hacer de maner 


as permanezcamos en 
to. Pero, ¿qué podría 
a diferente si nosotros 


cambiáramc 


s nuestra 


s expectativas respec- 



Hemos escuchado de Jesús, que hace 
milagros y cambia vidas de manera radical. 
Pero, ¿creemos acaso que Jesús ha cambia- 
do con el paso de los años? ¿O acaso tene- 
mos la convicción interna de que Dios si- 
gue siendo el Dios de la Biblia, que él toda- 
vía realiza milagros y transforma las espe- 
ranzas en hechos? ¿Creemos que Dios puede 
actuar de forma maravillosa a favor nuestro, 
o de aquellos por quienes estamos orando? 

Sin embargo, no debemos estar única- 
mente a la espera de milagros. Lo más im- 
portante para Dios e 
ción dinámica y personal o 
obstante, él no ha cesado de realizar por- 
i los enfermos. Quizá, es 
hemos dejado de esperar la 
realización de dichos milagros. 

«No tienen, porque no piden» (Sant. 4: 2). 






:r Spring, Maryland, EE. UU. 



Domingo 
27 de abril 



-Las obras de su corazón 



Mateo 4: 23-25; 8: 25-27; 11: 2-6; 
12:22, 23; Hechos 3: 19-21 

Obras prácticas (Mat. 4: 23-25) 

Estudiar la vida de Jesús implica sen- 
tirse impactado por la compasión que lo 
llevó a atender las necesidades de la gente. 
Jesús nunca enfrentó una necesidad que no 
pudiera suplir En Mateo 4: 23-25 se men- 
ciona el cargado itinerario de Jesús y de la 
efectividad de sus milagros. 

En Galilea predicó, enseñó y sanó. La 
gente reaccionó ante su mensaje trayéndo- 
le problemas más serios. Antes que pasara 
mucho tiempo su ministerio llegó más allá 
de las fronteras de aquella pequeña nación. 
Jesús atraía de todas partes a gente con ne- 
cesidades reales. Sin importar el tipo de en- 
fermedad o problemas, en Jesús encontra- 
ban a un experimentado y poderoso sa- 

Las obras y las soluciones prácticas tie- 
nen la capacidad de traspasar las barreras 
del idioma, la raza o la cultura. Es intere- 
sante que esta fue la primera lección im- 
partida a los primeros cuatro discípulos del 
Maestro. ¿Hemos incorporado ese primer 
paso a un discipulado de éxito? 

Obras maravillosas 
(Mat. 8: 25-27) 

Las obras de Jesús eran de carácter 
práctico; sin embargo, no por ello dejaban 
de ser maravillosas. Tomemos, por ejem- 
plo, el caso de los discípulos en medio de la 
tormenta. Desesperados y temiendo lo peor 
buscaron la ayuda del Maestro. 



Después de llamarles k 
j inmadura fe, él calmó la ti 

n de ellos fue notable. Fue como si 
n hombre que pedía pan le obsequiaran 
a panadería. El texto nos muestra que 
quedaron atónitos porque Jesús pudo cal- 



ar el vi 






de 



repo 



líos 



vientos y al mar Aquel día. Jes 
a sus discípulos que él tenía un poder ab- 
soluto sobre las emociones y los elementos. 
Este acto de Cristo estuvo tan divorcia- 
do de lo cotidiano que dejó a los discípu- 
los estupefactos, tratando de definir la clase 
de hombre que él era. Él es cuantitativa- 
mente diferente, una figura enigmática que 
podía echarse a dormir durante una peli- 
grosa tormenta, o silenciarla. Él es diferen- 
te. Maravillosamente diferente. Jesús tenía 
suficiente fe como para dormir durante la 
tormenta así como para silenciarla, y él es- 
pera que sus discípulos tengan esa misma fe. 

Obras preocupantes 
(Mat. 11; 2-6; 12:22,23) 

Juan pensó que Cristo no estaba ha- 
ciendo lo suficiente, mientras que los fari- 
seos pensaban que hacía demasiadas obras. 
Pareciera fácil para los cristianos y los mur- 
muradores establecer la agenda de trabajo 
de Dios y decirle lo que es necesario hacer, 
a beneficio de quién y cuándo. Aun noso- 
tros en ocasiones nos incomodamos cuan- 
do Dios no se atiene a nuestro programa. 

Las acciones de Jesús disgustaban a 
amigos y enemigos por igual. Su forma de 
actuar confundía su noción de lo que el 
Mesías era y debía hacer. Sin embargo, a 
pesar de las críticas, Jesús no cambia su 



manera de actuar. En vez de ello, desafía a 
la gente para que cambie su actitud res- 
Juan y sus discípulos se preguntaban 
por qué Jesús no actuaba de la misma forma 
que Elias, haciendo que descendieran fuego 
y azufre sobre Herodes y los dirigentes del 
pueblo; exigiendo que se sometieran a la 
voluntad de Dios. En vez de ello, Jesús man- 
tuvo un bajo perfil, sanando y pidiendo 
que sus maravillosas obras se mantuvieran 

festaba el mayor tacto, y era siempre bon- 
dadoso y reflexivo. Nunca fue rudo, nunca 
dijo sin necesidad una palabra severa, nun- 



ifundido, pensando 
actuaría de la 



ble».* Juan estaba 
que el Mesías 
misma forma que él. 

Por otro lado, los fariseos actuaban ce- 
gados por los celos. La gente reconocía e 
Jesús como el hijo de David. En el auge 
de Jesús los fariseos vislumbraban su pro- 
pia caída. 

La forma en que ellos manejaban su; 
dudas es aleccionador para nosotros. Juar 
le comunica a Jesús sus dudas caUadamen- 
te, pero los fariseos lo insultan en público 
Dicen llenos de odio que más bien él e; 
hijo de Satanás. Temerosos de que la gente 
tuviera razón, se enfrentaron al Salvador er 



zde 






Los creyentes y los escépticos encuer 
tran por igual que la obra de Cristo es un 
piedra de tropiezo. Sin embargo, los ere 
yentes pierden su asidero temporalmente 
mientras que los escépticos al caer son de; 
menuzados por la Roca (Mat. 2L 44; Rom. 
9: 33). Juan, el fiel precursor de Jesú 
bía beneficiarse al recordar algo. Al repasar 
la misión de Cristo, revivió su fe en la 
da divina. Pero los murmuradores, los fari- 



seos y los demás que veían cómo su in- 
fluencia se desgastaba, no supieron dismi- 
nuir en lo que Cristo crecía. 

Obras restauradoras 
(Hech. 3: 19-21) 

El capítulo 3 de Hechos relata la forma 
en que Pedro y Juan sanaron a un tullido 
que se sentaba a pedir limosnas en la puer- 
ta del templo. Aunque Pedro y Juan se go- 
zaban con el mandato de continuar la obra 
que Jesús había comenzado en la tierra. El 
sanamiento de aquel hombre creó un gran 
interés en el sermón de Pedro y en el para- 
digma de la obra de Cristo en el ámbito 

Pedro dirige su atención al futuro, a la 
más elevada obra renovadora. Cristo ascien- 
de a ponerlo todo en orden. Asciende a 
bendecir el universo que está ahora bajo la 
maldición del pecado, a fin de llevarlo a 
una «perfecta armonía». Ansiosamente 
esperamos la inauguración de la más glorio- 
sa obra del Restaurador del universo: un 
cielo nuevo y una tierra nueva. 

PARA COMENTAR 

1. ¿Qué diferencias se notarían en tu vida 
si entregaras tus proyectos y ambiciones 
a Dios? 

2. ¿Qué te entusiasma más acerca de la 
obra de restauración cósmica de Jesús? 

A. La paz universal. 

B. La abundancia de salud. 

C. El compañerismo eterno. 
¿Por qué? 



SheMon R. Bryan, Loma Linda, Califon 



Lunes 
28deabri 



«Excepto que vean 
señales y prodigios» 



TESTIMONIO 

Mateo 8: 5-13; Juan 4: 43-54 

«Como un fulgor de luz, las palabras 
que dirigió el Salvador al noble desnudaron 
su corazón. Vio que eran egoístas los mot 
vos que le habían impulsado a buscar a Jf 
sus. Vio el verdadero carácter de su fe vac 
lante. Con profunda angustia, comprendí 
que su duda podría costar la vida de su h 
jo. Sabía que se hallaba en presencia de un 
Ser que podía leer los pensamientos, para 
quien todo era posible, y con verdadera ago- 
nía suplicó: "Señor, desciende antes que mi 
hijo muera". Su fe se aferró a Cristo como 
Jacob trabó del ángel cuando luchaba con 
él y exclamó: "No te dejaré, si no me ben- 
dices (Gen. 32: 26)».' 

«Cristo había dicho al noble cuyo hijo 
sanara: "Si no viereis señales y milagros no 
creeréis" Quan 4: 48). Le entristecía que su 
propia nación requiriese esas señales exter- 
nas de su carácter de Mesías. Repetidas ve- 
ces se había asombrado de su incredulidad. 
Pero también se asombró de la fe del cen- 
turión que vino a él. El centurión no puso 
en duda el poder del Salvador. Ni siquiera 
le pidió que viniese en persona a realizar el 
milagro. "Solamente di la palabra — dijo — , 

El noble, al igual que el centurión, acu- 
dió a Jesús con un pedido de sanidad. Uno 
acudió con una actitud de «cuando lo vea 
creeré», mientras que el otro lo hizo con 
la actitud de «yo sé que tú puedes, y lo 
harás». Uno de ellos por poco no obtiene la 



que deseaba, 

ido por Jesús i 
la diferencia 



Uno de ellos 

por poco no obtiene 

la bendición que deseaba. 



actitudes? El o 
propia bondad; su argumento era su gran 
necesidad. Su fe echó mano de Cristo en 
su verdadero carácter No creyó en él mera- 
mente como en un taumaturgo, sino como 
en el Amigo y Salvador de la humanidad».' 
La importancia de los milagros de Jesús 
y de sus obras no residía en los mismos ac- 
tos, ellos más bien señalaban que él era el 
Mesías. Los milagros no eran «pruebas» en sí 
mismos, aun cuando eran evidencias de su 
divinidad. Jesús más bien deseaba que la 
gente acudiera a él creyendo que era el Sal- 
vador, en la plena confianza de que él no 
solamente sanarías sus cuerpos sino que re- 



PARA COMENTAR 

1. ¿Qué espacio existe en nuestra fe p 
obras milagrosas de Dios? 

2. ¿Existe alguna circunstancia en 
1 milagro divino? 



Geoffrey Marshall, Spanish Town, Jan 



Su obra 

de perdón y sanidad 



Marcos 2: 10-12 

Capernaúm era el lugar ideal para el 
de Jesús debido a su heterogénea 
y al hecho de que estaba en la 
nía a Damasco con Egipto y a Fe- 
la región del Eufrates; se encon- 
erta distancia de Judea, 
el centro de la religión y los prejuicios ju- 
díos.' 

En Capernaúm Jesús sanó muchas en- 
fermedades del cuerpo y del alma, dando 
evidencias de que el reino de Dios se había 
acercado. Sin embargo, cuando parecía que 
su popularidad comenzaba a opacar el ver- 
dadero significado de su misión, salió de 
Capernaúm. «Jesús no se sentía satisfecho 
atrayendo la atención a sí mismo como tau- 
maturgo o sanador de enfermedades físicas. 
Quería atraer a los hombres a sí como su 
Salvador. [ . . . ] El mero éxito mundanal es- 
torbaría su obra».^ Salió de la ciudad para 
luego regresar a ella (Mar 2: 1, 2) cuando 
el hambre espiritual se sobrepusiera a la es- 
peranza de la regeneración física. Jesús de- 
seaba que sus oyentes comprendieran que el 
perdón del pecado era lo más importante 
en su obra. Primeramente, debía liberar al 
alma esclavizada por el pecado antes de sa- 
nar el cuerpo. 

No hace mucho que los científicos y los 
psicólogos han reconocido la gran impor- 
tancia que tiene el estrés en el organismo. 
Los estudios corroboran el impacto de los 



cambios en la vida, los quehaceres cotidia- 
nos, los acontecimientos catastróficos y los 
demás elementos estresantes en la posibili- 
dad para disfrutar de una buena salud. Un 
nuevo campo del saber, la psiconeuroinmu- 
nología, ha surgido para explorar el vínculo 
entre la mente y el cuerpo.^ 

En Capernaúm Jesús ilustró la maravi- 
lla de su perdón unida a la sanidad de la 
mente y el cuerpo. El sabía que el parahti- 
co necesitaba ser liberado mentalmente an- 
tes que pudiera disfrutar de la libertad cor- 
poral. «Hay hoy día miles que están su- 
friendo de enfermedad física y que, como 
el paralítico, están anhelando el mensaje: 
"Tus pecados te son perdonados". [...] La 
paz que él solo puede dar, impartiría vigor 
a la mente y salud al cuerpo».* 

Jesús captó la atención de la gente me- 
diante sanamientos maravillosos y les en- 
señó la verdad respecto al perdón y al peca- 
do. No es de extrañar que exclamaran: «Ja- 
más habíamos visto cosa igual — decían» 
(Mar. 2: 12). Era necesario que ellos enten- 
dieran la doctrina del perdón a fin de acep- 
tar el propósito del ministerio de milagros 
de Jesús: la salvación mediante su muerte 
en la cruz para garantizar la liberación del 
pecado. 



illia 


mJeweUPres 


s, 1953), pp. 13 


-14 






ado de todas 




s, pp. 22 






bilip 


G. Zimbard 


, Fsych 


„lo¡ry and 


Ufe 


(Nue 


arpe 




2).PP 










ado de todas 




s, p. 301 







n Brown-Bryan, Loma Linda, Califorr 



Miércoles 
30 de abril 



-Aceptando milagros 



CÓMO ACTUAR 

Mateo 20: 28; 28: 20; 
s2:17 



¿Has presenciado algún milagro o 
algún suceso que no admite otra explica- 
ción que la intervención divina? 

Nunca olvidaré el día en que estaba 
sentado en la ribera de un frío arroyo en el 
interior de Mongolia, presenciando el bau- 
tismo de 18 habitantes de la región. Fue 
uno de esos momentos en que uno 
ce la intervención divina. Durante 
día en Mongolia no pre 
to de ningún enfermo i 
algún muerto. Pero contemplé milagros. Vi 
cómo Dios transformaba las vidas de hom- 
bres, mujeres y niños. Esta fue 
rienda inspiradora. No obstante, veo que él 
realiza los mismos milagros en mi mundo 
de hoy Veo como le concede la vista a los 
ciegos espirituales, orientación a los perdi- 
dos, agilidad a los derrotados. 

El mismo Jesús que anduvo por don- 
dequiera en esta tierra, predicando, ense- 
ñando y sanando, es el que está dispuesto 
a transformar vidas hoy día. Podemos acep- 
tar las maravillas de su obra en nuestras 
vidas de las siguientes maneras: 
1. Manteniendo una relación con el Gran 
Taumaturgo. Cuando aceptamos a Jesús 
como nuestro Salvador él se convierte en 



nuestro amigo. Él es alguien real y 

cede el podi 

Debemos 



ra fe se arraigue en él (Col. 2: 17). 



La fe hace que tu amistad c: 



;formar la vida. 
Dios para que 



¡Podemos convertirnos 
en obradores de milagros! 



rá tus ojos para contemplar las mara- 
villas de su obra. ¡Esas maravillas pue- 
den sorprenderte! 

2. Mediante el poder de Dios también 
puedes ser un obrador de milagros. 
Una vez que nos relacionemos con Jesús, 
seremos sus discípulos. Al parecemos 
más a Jesús podremos hacer lo mismo 
que él hizo. ¡Al vivir y hablar del evan- 
gelio seremos obradores de milagros! No 
subestimemos las maravillas de sus obras 
y la parte que podemos desempeñar Je- 
sús dijo: «les aseguro que estaré con us- 
tedes siempre, hasta el fin del mundo» 
(Mat. 28: 20). 

3. Recuerden, todo se refiere a servir. Je- 
sús no realizó ningún milagro para su 
propia gloria. El los realizó para la gloria 
de Dios y para servir a la humanidad. 
«Así como el Hijo del hombre no vino 
para que le sirvan, sino para servir y 
para dar su vida en rescate por muchos» 
(Mat. 20: 28). Los milagros pueden rea- 
lizarse si nuestro interés está centrado en 
edificar el reino de Dios. 

¿Qué milagros puedes observar mien- 
tras creces en Cristo? 



y Townend, Lesmurd 



Complicaciones 
de la cobardía 

OPINIÓN 

Mateo 8: 25-27 



«¡Señor — gritaron — , sálvanos, que nos 
vamos a ahogar!» (Mat. 8: 25). Todos, en di- 
ferentes momentos de nuestra travesía espi- 
ritual hemos experimentado tormentas que 
amenazan hundir nuestros sueños. La sal- 
vación del día de ayer, no importa lo dra- 
mática que haya sido, parece irrelevante ante 
los peligros de hoy. Cegados por el pánico 
y exhaustos, tratando de achicar el bote, cla- 
mamos a Dios pidiendo un milagro, pre- 
guntándonos en el medio tiempo por qué él 
parece no respondernos en nuestra nece- 
sidad. La respuesta de Jesús al clamor de sus 
discípulos nos proporciona una pausa para 
meditar. Jesús diagnosticó una falta de fe 
complicada con una dosis de cobardía (Mat. 
8: 26). El hecho de que los discípulos pi- 
dieran la intervención de Jesús ante el peli- 
gro de la tormenta parece loable, y está de 
acuerdo con muchos sermones que utilizan 
el lema: «Cuando las tormentas de la vida 
te amenacen, clama a Dios». Hacerlo impli- 
ca cierto grado de fe. No obstante, Jesús des- 
carta esta idea y acusa a sus discípulos de co- 
bardes. ¿Por qué? 

Implícita en la respuesta de Jesús hay 
varias ideas. «Después de haber contempla- 
do mis milagros, ¿por qué tienen miedo? Si 
ustedes afirman creer, por qué no actúan 
en consecuencia?» Se considera que la fe y 
la duda son hermanas gemelas. A menudo, 
nos damos cuenta que en nuestra peregri- 
nación espiritual las dos nos acompañan. 
Sabemos que Dios puede, pero la pregunta 



Jueves 
1° de mayo 



es si él quiere. Pronto nuestra duda se 


trans- 


forma en cobardía y comenzamos a pregun- 


tarnos: «¿Qué pasará si Dios no nos soco- 


rre en esta ocasión?» Rápidamente olvida- 


mos los milagros del pasado, mientras cla- 


mamos para que Jesús realice uno nuevo. 


Mientras tanto nos preparamos para cual- 


quier chasco, en caso de que él siga dur- 


miendo. 


Jesús actúa en forma maravillosa, a pe- 


sar de la actitud negativa de los discípulos. 


Aun así nos preguntamos que habría suce- 


dido SI ellos no hubieran dudado. Si hubie- 


ran tenido más fe y confianza ¿no habrían 


podido ellos recabado el poder para calmar 


la tormenta? 


Jesús nos aconseja hoy que no nos con- 


formemos con creer que él puede, sino que 


creamos que él lo hará. Piensa en las posi- 


bilidades. 





PARA COMENTAR 

1. ¿Se observan milagros en tu congrega- 
ción? De ser así, ¿qué resultados perso- 
nales e institucionales han tenido? De no 
verse, ¿qué efecto ha tenido su ausencia? 

2. Tomando en cuenta los numerosos casos 
de falsos obradores de milagros ¿cómo 
podemos protegernos de la incredulidad 
mientras ejercemos la prudencia reco- 
mendada por la Biblia? 

3. ¿Por qué los beneficiarios de los milagros 
de Jesús estuvieron sujetos a diferentes re- 
quisitos de fe? Algunos fueron sanados 
por su consistente fe, mientras que otros, 
como los discípulos en el presente caso, 
ejercieron una fe limitada. 



2, California, EE. UU. 



Viernes 
2 de mayo 



EXPLORACIÓN 

Mateo 9: 36 



PARA CONCLUIR 

Cuando la gente escuchó que Jesús sa- 
naba los enfermos, acudieron a él desde mu- 
chos lugares a la redonda. Jesús no deseaba 
adquirir fama como milagrero, sino como el 
Salvador. Él aun desea ser reconocido co- 
mo un sanador de almas. 

Dios está todavía listo y deseoso de ha- 
cer todo lo necesario para captar nuestra 
atención. Nos gusta la idea de decirle a Dios 
cómo y cuándo debe actuar. Pero nos inco- 
modamos cuando él no obra de acuerdo a 
nuestros deseos. 

Dios, a diferencia de nosotros, sabe cuál 
es la mejor manera de lograr su más eleva- 
do objetivo: darles 
hijos. 



Jesús, 
el obrador de milagros 



CONSIDERA 

• Preparar un diagrama presentando los 
milagros de Jesús. Incluye la respuesta 
de cada beneficiario. 

• Memorizar uno o más textos bíblicos 
que te ayuden a recordar la misión terre- 
nal de Cristo. 

• Colaborar con tus amigos en un grupo 
pequeño para explorar la naturaleza de 
Dios. Discutir los temas: Dios en nuestra 
vida; el propósito de la misión de Cristo. 

• Escribir en forma de relato algunos de 
los milagros que Cristo ha realizado, y 
sigue haciendo, en tu vida. 



PARA CONECTAR 

/ Hebreos, cap. 11; E¡ ni 

«El verdadero conocimiento de Dios», 
pp. 318-330; John Ortberg, TheUjeYou've 
Always Wanted: Spiritual Disciplines for Or- 
dxnary People. 



y YingUng, Battle Creek, Michigan, EE. UU.